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TEJELO, EN MEMORIA DEL CAPITÁN

–      Recorrido por una de las calles más pequeñas de Medellín.

–      Tejelo es la conjunción de todos los colores en las frutas y verduras que se exhiben en los 116 puestos.

Autor: Héctor Oswaldo Gómez Pérez

ELMUNDO.COM

En esta calle los colores de las frutas y las verduras compiten por atrapar al transeúnte; el rojo emborracha la vista y la intensidad del amarillo no se encuentra en ninguna caja de colores en temporada escolar. Un recorrido de esquina a esquina por la calle Tejelo.

Ella se llama Tejelo y su cédula en Planeación Municipal dice que es la Carrera 52 A. Aunque tiene como tocayo un barrio al noroccidente de Medellín, pocas calles de la ciudad se le pueden comparar por su extensión: una cuadra, entre las calles 53 (Avenida de Greiff) y 54 (Juanambú).

Le debe su nombre a Jerónimo Luis Tejelo, el capitán español quien al servicio del mariscal Jorge Robledo, conquistó el Valle de Aburrá el 24 de agosto de 1541. Aunque hubo una fuerte oposición por parte de los indios aburraes, los hombres de Robledo, 12 a caballo y 20 a pie dominaron a los nativos y le cambiaron hasta el nombre al valle conquistado: lo llamaron de San Bartolomé.

Según el arquitecto Rafael Ortíz Arango, miembro de la Academia Antioqueña de Historia, “Tejelo fue una de las primeras calles de Medellín, derivada de una de las más viejas que era la Calle Real (Boyacá). En el siglo XIX era habitada por los servidores de las casas grandes que daban a Cundinamarca: lavanderas, empleados de oficios varios y planchadores de ropa. Un dato importante es que en ella se fundó una de las primeras fabricas, sino la primera, de fabricación de Helados (Helados Polares) de propiedad de Adán Villegas”.

Una vida en Tejelo

En esta cuadra se encuentran los más coloridos productos de los campos antioqueños: rojizos tomates de árbol compiten por la atención del transeúnte con los mangos “gallo monja”, las papayuelas y las coquetas manzanas. Entre Juanambú y la Avenida de Greiff hay en total 116 puestos de carpa roja que exhiben aguacates, cebolla de rama y cabezona, cocos, sandías, mandarinas, pilas de lulos y piñas colgadas de los puestos de madera que ni mandadas para un salpicón.

Aunque Mauricio García desconoce que las primeras fundiciones de cobre de la ciudad estuvieron en Tejelo y pertenecieron a un señor de apellido Restrepo al que llamaban “Restrepo paila” por su oficio, y que hasta un alemán tuvo su fabrica de embutidos en esa calle, sabe desde que tuvo uso de razón que Tejelo es prácticamente su casa.

El jueves anterior, bajo un cielo azul y con un sol veraniego, se encontraba Florentina del Carmen Cañas, la madre de Mauricio, empacando unas fresas en una bandeja de icopor. Mientras ponía con cuidado cada fresa sobre la bandeja recordaba su estrecha relación con Tejelo. “A mis hijos los ponía en un cajón de madera mientras yo trabajaba vendiendo periódico aquí mismo. Luego ellos fueron creciendo y empezaron a ayudarme. Mi primer plante en Tejelo fue una cajita de mango”.

“El primer recuerdo de esta calle lo tengo cuando tenía 8 años. Yo he pasado más tiempo de mi vida en esta calle que en mi casa porque aquí es donde nos hemos conseguido el sustento. Mi sueño es verla como un plaza, con techo y mucha seguridad para que la gente pueda venir a comprar sus productos con tranquilidad”, manifestó Mauricio García.

La vista, el oído, el olfato…

En Tejelo todos los sentidos se ejercitan. Si hablamos del olfato es una calle que huele a mercado de domingo en Cisneros, Nariño o Girardota. Huele a la morcilla que vende Alba Graciela Toro desde hace 37 años o a las ramas del puesto de la “Sarca” (con “S”).

Pero el oído tiene que multiplicarse para diferenciar el corrido del “Charrito negro”que suena en el Bar Cascaney # 2; en el Tejaina Los Cuyos hacían llorar sus guitarras con “Rencor” y en el Marsella Vicente Fernández cantaba “Estos celos”.

Son las 11:32 a.m. y la salsa, que antes se escuchaba en Brisas de Costa Rica, el sitio en el que Lavoe, Los Lebron y Tito Puente tenían su fortín en Tejelo, desde hace algún tiempo se trasladó para Juanambú.

“Aquí en el Marsella la música que le gusta a los clientes es la de Luis Alberto Posada, “El charrito negro”, Darío Gómez, tangos y guasca. No escuchamos salsa y uno que otro bolero. Abrimos a las 10:00 a.m. y cerremos a las 12:00 p.m. Lo que más me gusta de esta calle es la gente porque es muy noble”, dijo Guillermo Berrío, administrador del Bar Marsella.

De todo un poco

En esta cuadra además de los puestos de frutas y legumbres hay negocios de abarrotes, pescaderías, graneros, una panadería y asadero de pollos, reparación de licuadoras, el puesto de plantas medicinales de la “sarca” y sancocherías.

http://www.lopaisa.com/index.php?option=com_content&task=view&id=368

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